En este video del popular programa del Dr. Phil, Ned Hallowell (experto en déficit atencional) analiza los síntomas de este señor al tratar de preparar unos tallarines con salsa para su esposa.
Al verse enfrentado a la necesidad de organizar la tarea, se aprecia uno de los síntomas clásicos del déficit atencional: el esposo se siente abrumado por lo que el percibe como una tarea compleja y difícil. Luego, una vez iniciada la misión, nuestro héroe se ve claramente impaciente: "el agua se va a demorar una eternidad en hervir". Esta reacción adversa frente a tener que esperar se conoce como "aversión frente a la demora" y es típica del síndrome. En seguida, su esposa le ayuda sugiriéndole que prepare la salsa mientras tanto; este tipo de ayuda es extremadamente útil para quienes tienen déficit atencional, y es lo que el coaching intenta ofrecer: estructura externa, que ayude al paciente a seguir enfocado en la tarea hasta completarla. El apoyo de su esposa es alentador y no crítico, otro aspecto de gran importancia a considerar. Después él se olvida del queso parmesano y debe regresar a buscarlo para finalmente disfrutar de la cena con su esposa. Este es un signo claro de un pequeño desliz de la memoria de trabajo, que muchas veces se ve comprometida en el síndrome.
Es importante tener en cuenta que estos problemas con la organización, la planificación y la capacidad de llevar a cabo conductas complejas, no son exclusivos del déficit atencional. A todos nos puede pasar en muchas ocasiones que se nos olvide algo o que nuestra atención se disperse. Sin embargo, en quienes satisfacen los criterios diagnósticos para el déficit atencional adulto, la frecuencia con que ocurren estas dificultades es mucho mayor y el grado de disrupción, tanto en el trabajo como en el hogar, es mucho más serio.
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viernes, 7 de agosto de 2009
miércoles, 5 de agosto de 2009
"¡Líbranos de la Distracción!"

Luego de haber leído la mayor parte de los libros que encargué por Amazon acerca de déficit atencional, tengo que decir que Driven to Distraction y Delivered from Distraction, de Ned Hallowell y John Ratey, son lejos los más entretenidos de todos. Mi selección de libros fue bastante heterogénea: manuales clínicos para psicólogos, introducciones de difusión general, e incluso libros de auto-ayuda (en modalidad de self-coaching). La idea era tener una visión generalizada de lo que se ha venido publicando en Estados Unidos hasta la fecha y, principalmente, revisar minuciosamente los modelos terapéuticos propuestos por quienes van a la vanguardia en el desarrollo de tratamientos efectivos.
Así, en un principio, me aboqué a leer los libros más técnicos, especialmente dirigidos a profesionales de la salud mental. Muy interesantes y bien fundamentados en evidencias empíricas, nada librado al azar ni basado en opiniones. Luego, leí algunos de los libros de auto-ayuda (probé algunas de las sugerencias ofrecidas con resultados dispares), acá hay mucho más espacio para la creatividad de los autores, quienes basándose en experiencias personales o de sus clientes, ofrecen una amplia gama de sugerencias para afrontar las problemáticas asociadas al déficit atencional.
Los libros de Hallowell y Ratey están en un terreno intermedio, con un pie en el -siempre creciente- cuerpo de conocimientos científicos acerca de esta condición y con el otro en la vasta experiencia clínica de ambos autores, que se han atrevido a intentar algunos de los métodos que aún no han logrado el estatus de validación empírica. Además aportan viñetas clínicas a través de casos de distinta complejidad, que ilustran maravillosamente la gran variabilidad en las distintas manifestaciones del déficit atencional a lo largo del ciclo vital.
Driven to Distraction fue publicado en 1995, cuando el síndrome era todavía bastante desconocido. Se transformó en un súper ventas (más de un millón de copias vendidas), poniendo al déficit atencional en la palestra y logrando una tremenda difusión y reconocimiento por parte de los medios y del público. Una vez que lo empecé a leer no lo pude soltar. El estilo de Ned Hallowell es cercano, directo, descriptivo y -por sobre todo- entretenido. Ambos autores son médicos psiquiatras y los dos fueron diagnosticados con déficit atencional siendo adultos, por ello han dedicado gran parte de sus carreras profesionales al estudio de este síndrome y al tratamiento de quienes se ven afectados por él. Claramente estamos frente a voces autorizadas en la materia.
En Delivered from Distraction (2005), ofrecen un update con todos los nuevos avances en diagnóstico, tratamiento y comprensión general del síndrome. Pero lo que más me gustó es su convincente propuesta de un enfoque basado en las fortalezas a la hora de diagnosticar y tratar. En la introducción, Ned Hallowell nos recuerda que en el modelo médico tradicional -de énfasis en la patología- se busca "lo que está mal" en el paciente. En el caso de la mayor parte de los órganos, este método es muy adecuado. "Al hígado no le importa que le digamos que está enfermo, pero a la mente sí". Cuando los profesionales de la salud mental le decimos a un paciente que tiene un trastorno, en ese preciso momento estamos creando un trastorno. Y la consecuencia es que esa persona empieza a verse a sí misma en términos negativos. Por eso, los autores plantean que lo primero debe ser buscar lo que está bien y sano en el paciente, para luego pasar a buscar qué es lo que no está funcionando tan bien. Primero buscar las fortalezas y los talentos para después ver qué es lo que falta para vivir mejor.
domingo, 2 de agosto de 2009
Desde el Adiestramiento Canino a la Psicología y las Neurociencias.
Muchas veces me preguntan cómo es que un adiestrador de perros deviene en psicólogo clínico y adepto a las neurociencias. Supongo que la pregunta es válida, ya que no conozco a otros que hayan recorrido un camino similar.
Cuando mi único norte en la vida era dedicarme al trabajo con perros, como criador y adiestrador profesional, me obsesioné con aprender todo lo posible acerca de... aprendizaje. Así me volví un asiduo lector de todo lo que llegara a mis manos relacionado con adiestramiento, etología, modificación conductual, psicología del aprendizaje, etc. A medida que pasaron los años y pude aplicar lo que aprendía en el trabajo concreto, día a día, con mis clientes y sus perros, fui comprobando la solidez de la teoría y su aplicabilidad práctica en todo tipo de situaciones que requerían de intervenciones oportunas en el manejo de problemas conductuales, por ejemplo.
Más tarde, cuando conocí a la que llegaría a ser mi esposa (psicóloga también), me encontré con que en sus libros de psicología aparecían citados varios autores con los cuales yo ya estaba familiarizado. Más aún, me llevé la sorpresa de que ni ella ni otros psicólogos estaban demasiado "enchufados" con esas teorías, sino que sólo las conocían superficialmente. Incluso algunos las consideraban "pasadas de moda", sin aplicación en la psicología actual. Este descubrimiento fue un aliciente poderoso para emprender la aventura de formarme académicamente.
Un momento clave para mí de este camino fue un seminario al que asistí con mi amigo Christian Wilson (Yito), cuando cursaba el segundo año de Psicología. El seminario organizado por la Universidad de los Andes se llamaba: La Conciencia, la última frontera. Desde las Neurociencias hasta la Filosofía. Exponían varios investigadores, provenientes de distintos países y disciplinas, cada uno de ellos aportando una pincelada a un cuadro representativo del state of the art en lo que se refiere a los avances en la comprensión de la conciencia, sagrado grial de las ciencias humanas.
Recuerdo vívidamente la presentación de Gregory Quirk, destacado investigador de la neurobiología del miedo (y ex colaborador de Joseph LeDoux). Cuando describía su línea de investigación y mostró algunos de los paradigmas experimentales basados en condicionamiento clásico del miedo, fue como si de pronto todo desapareciera de mi alrededor y mi atención hubiera sido absorbida por un vortex de energía incandescente. Ahí estaba un neurocientífico de reconocida trayectoria y renombre, en un simposio académico envuelto en un aura de solemnidad y altura intelectual, acudiendo a mi viejo amigo Pavlov para su trabajo de investigación. Sí, a Pavlov, el mismo que yo les mencionaba a mis clientes cada vez que les enseñaba como funcionaba el entrenamiento con clicker.
Ahí por primera vez pude contemplar los mecanismos celulares y neurobiológicos a la base de los procesos de aprendizaje, tan familiares para mí debido a mi trabajo como adiestrador de perros. Ese momento fue un turning point en mi carrera. Aun cuando no pude seguir todos los pormenores de los hallazgos de Greg Quirk (aún me faltaba mucho por adentrarme en el sorprendente mundo de la neurobiología del aprendizaje), me mantuve en un estado de trance hipnótico siguiendo su presentación. Luego, en el descanso, hablé con él y le dije lo fascinante que me había parecido su exposición, a lo cual él respondió que se había fijado en lo absorto que yo estaba durante ella. Entonces le conté de mi experiencia práctica con el condicionamiento clásico en el adiestramiento de perros y como me parecía que su investigación tenía directa relevancia para mi trabajo. Él se mostró sorprendido y me contó que en su laboratorio, una de las investigadoras también provenía del mundo del adiestramiento canino...¡vaya coincidencia! ¿Cuál era el nexo misterioso entre ambas disciplinas, aparentemente tan disímiles?
Otra presentación que recuerdo capturó mi interés fue la de Francisco Aboitiz, de la Universidad Católica, acerca de los procesos neuro-cognitivos en el déficit atencional (No tenía forma de adivinar que terminaría mi formación de pregrado con una tesis acerca del déficit atencional en adultos, y que después me especializaría en intervenciones psicoterapéuticas para niños y adultos con este síndrome).
Finalmente, el Dr. Rodrigo Paz, presentó una investigación acerca del rol que cumple el cerebelo en la percepción de los actos generados por uno mismo v/s aquellos generados por un agente externo. No recuerdo con exactitud la hipótesis planteada por el Dr. Paz, pero lo que sí recuerdo es su contagioso y desbordante entusiasmo a medida que nos invitaba a un recorrido por los intrincados circuitos cerebrales involucrados. Su exposición empezaba con una alusión a la conservación de ciertos mecanismos biológicos a lo largo de la evolución de las especies. La lámina en cuestión mostraba un círculo compuesto por distintas especies, desde las más simples hasta las más complejas, partiendo por el caracol marino aplysia californica y terminando en el ser humano (nada menos que Eric Kandel). Luego, una detallada descripción de los circuitos GABAérgicos y neuronas piramidales del cerebelo.
Demasiado entretenido. Ahí supe que las neurociencias servirían de eje conductor para mis estudios de psicología.
Y así, un tenue batir de alas se hizo escuchar en los confines de mi conciencia, dando inicio a una aventura de descubrimientos y asombro. Una aventura que siento que recién está comenzando porque, aún cuando ya he alcanzado la meta de transformarme en psicólogo (todavía trabajo con perritos también), tengo una amplia gama de proyectos y planes que me mantienen tan entusiasmado como al principio.
Como dice Neil Peart (Rush) en Prime Mover: "The point of the journey is not to arrive"...
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psicología
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